Hundo la cuchara en el vaso y la muevo despacio, tengo que a agarrar esa frutilla que tanto quiero, la última que queda. Mientras giro la mano para atraparla, se mezclan otros trozos que reposan sobre el metal para quedarse ahí. La giro y los saco. Hundo, subo, me choco los bordes. Se me escapa otra vez. Me mareo y la pierdo de vista, entonces relajo la mano y la apoyo sobre el borde. Y la frutilla emerge de a poco y descansa en la superficie. Otro movimiento torpe, se vuelve a perder. Ahora ya no sé si quiero comerla o sólo atraparla. Me canso y cambio de estrategia: revuelvo rápidamente todo y levanto la cuchara, librada al azhar, esperando que entre todo lo que hay en el vaso rejunte esa frutilla. Sólo el jugo decidió salir, que encima se derrama de a poco. Espero un rato, y voy de nuevo. Algunos finales están escritos.
domingo, 22 de junio de 2008
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