miércoles, 11 de junio de 2008

María Marta

Vamos a ponerle que se llama María Marta. La conocí hace como 4 años y el prejuicio de su nombre no pudo menos que confirmar que era soberbia y desconfiada, hasta un poco malvada. Una auténtica vieja de mierda. Si podía evitar el saludo para arrancarme el dinero de las manos, le parecía que estaba bien, me saludaba asquerosamente y cerraba la puerta.

Mañosa con los horarios y yo sumisa a sus órdenes, el tiempo la fue aflojando y empezó a preguntarme, sin importarle un carajo que le iba a responder, si estaba bien, si la facultad, si el trabajo...blablabla, charla breve, comprometida y correcta... y hasta el mes que viene.

Una vez me invitó a tomar el té, pero con la misma viveza que tenía para decirme cada 12 meses que iba a aumentar el alquiler. Estaba creyendo que era un poco más buena conmigo pero la saludé asquerosamente sin esperar que cierre la puerta.

Les dije que era mañosa no? Ahora quiere saber todo sobre mí, se preocupa porque esté bien, quiere que me tome vacaciones, que me cuide del frío y recibe el sobre sin contar lo que tiene adentro, serán sus mañas, su edad o que ya se dignó a creer en mí.

María la endulza un poco más y Marta ya no es tajante sino una señora a la que hay que entenderle sus rayecitos.

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